lunes, 15 de febrero de 2010

CUALIDADES DEL ACEITE DE OLIVA


El aceite de oliva es un elemento imprescindible en la Dieta Mediterránea, pero no todos los aceites de oliva son iguales, dependiendo del procedimiento de extracción y/o mezcla podemos encontrar diferentes tipos de aceites con variable composición nutricional. Comparemos a continuación un aceite de oliva virgen y uno refinado.

Aceite de oliva virgen: se obtiene directamente de la aceituna por procedimientos mecánicos (presión en frío), sin adición de sustancias químicas para su extracción. Puede ser virgen extra, fino o corriente dependiendo de la cantidad de ácidos grasos presentes, siendo de hasta 0,8º, 2º y 3º respectivamente.

Aceite de oliva refinado: proviene de un aceite de alta graduación que necesita ser refinado para ser comestible (al provenir de aceitunas de mala calidad o de una extracción por presión en caliente). Su acidez no supera los 0,2º, de ahí que sea un aceite con poco sabor y con menos propiedades nutricionales.

Diferencias nutricionales: el aceite de oliva virgen es más rico en Vitamina E y fitosteroles mientras que en el proceso de refinado se reducen el contenido de sustancias que confieren al aceite su sabor, aroma, color y muchas de sus moleculas bioactivas. Por lo tanto un aceite de oliva virgen siempre va a tener mayores propiedades saludables que uno refinado. Aunque el precio sea algo más elevado merece la pena tener un buen aceite de oliva virgen extra en la mesa, tu cuerpo lo agradecerá.

COSAS DEL QUESO




El queso es un elemento vivo que evoluciona con el tiempo y que, dependiendo del momento de fabricación y de cómo se conserve, puede variar su sabor y textura.


Saber degustar un queso es más importante de lo que parece y de lo que generalmente se piensa, y hay que tener en cuenta detalles como la forma en que se corta, cómo se conserva e incluso con qué se acompaña.

Para sacar todo el partido a un queso, hay que conocer algunos aspectos que harán que este manjar nos sepa, si es posible, aún mejor. Y para ello es necesario recurrir a un experto que nos guíe y nos ayude, lo que a veces puede resultar algo complicado.

La elección del queso
Elegir una variedad de queso determinada depende en gran medida de los gustos y preferencias personales. La mayor parte de las veces, nos dejamos guiar por el aspecto externo y olor del queso, por ser éstas las características más fácilmente apreciables a simple vista. Sin embargo, no siempre lo que vemos es realmente lo que parece.

•Muchos quesos de leche cruda tienen mohos en su superficie, lo que les confiere colores heterogéneos tales como el blanco, azul y el pardo, fruto de la evolución de la corteza durante la maduración y que les confiere peculiares características que influyen en la textura y el sabor. Aunque pudiera parecer un síntoma de mal estado, nada más lejos de la realidad. Indican una alta calidad y la garantía de ausencia de pinturas o antifúngicos en la corteza.

•Algunos quesos de pasta blanda tienen un color naranja-rojizo, fruto de los continuos lavados de su corteza que les confiere un olor ligeramente pútrido pero que no se refleja en absoluto en su sabor.
Para elegir un buen queso de cabra hay que saber que existen dos tipos o formas de elaboración.

•Los de tipo francés o “chêvre”, de coagulación ácida o láctica. Están elaborados con leche pasteurizada. Se caracterizan por tener su corteza algo rugosa y enmohecida, de color blanco, verde azulado o incluso espolvoreado con ceniza o carbón de leña de uso alimentario. Su interior es de color blanco nacarado y sin ojos. La corteza debe estar unida a la pasta y debe tener un color blanco marfil.

•Los quesos de cabra de coagulación mixta con predominio enzimático son los más representativos de la Península y Canarias. Algunos se presentan con la corteza limpia o cepillada, pero otros tienen su corteza enmohecida o recubierta de pimentón, gofio, etc.
Su pasta es algo más seca que los anteriores. El color blanco de la pasta no es tan intenso como en los lácticos y tienden al blanco marfil tenue. El olor y sabor caprino están más acentuados. Los elaborados a finales de invierno y en primavera suelen ser más mantecosos y con más matices. Poseen ojos redondos de fermentación y de tipo mecánico. Suelen ser de tamaño pequeño, repartidos irregularmente y en pequeña cantidad.

•Antes de decidirse por una torta es importante olerla, ya que si presenta un ligero olor a amoníaco, significa que su conservación no ha sido la óptima y que sus cualidades pueden estar alteradas.

•En Los quesos de oveja es importante saber que las caras y los laterales deben ser lisos y no presentar signos de abombamiento ni de hinchazón (no deben sonar huecos) Al corte, la pasta que debe ser de color marfil-amarillento a pajizo pudiendo presentar pocos ojos pequeños similar a los quesos de cabra.

Cómo tomarlo
La temperatura ideal para consumir un queso oscila entre los 18-20ºC para los lácticos de tipo rulo o “chêvre” franceses y de 24-25ºC para las tortas. Para todos los demás quesos una temperatura de 20-22ºC es la apropiada. Es importante sacar los quesos de la nevera un tiempo antes de tomarlo para que se atempere y así el queso adquiera y potencie todos sus aromas. Cuanto más duro y más grande sea el queso, éste necesitará más tiempo, hasta llegar a las 3 ó 4 horas para los muy curados de gran formato. Así mismo, las tortas necesitan varias horas y una zona algo templada (24-26ºC)
La forma de cortar un queso puede ser decisiva para su posterior conservación, además de influir en el sabor y en la presentación.

Además de la temperatura, hay que tener especial cuidado en cómo cortar el queso. Las rebanadas deben ser firmes y definidas, evitando que el queso quede demasiado aplastado.

En los quesos de textura blanda el sabor no es uniforme, la parte de alrededor de la corteza está más madura, por lo que hay que procurar que las porciones tengan una cantidad similar de la misma. De este modo nos aseguramos que el sabor sea siempre lo más parecido y equilibrado posible.

Según la forma del queso hay diferentes maneras de cortarlo:


Quesos cónicos o piramidales


Quesos pequeños

Quesos circulares o cuadrados

Quesos cilíndricos o largos

Quesos de pasta blanda

Quesos de pasta dura

Una vez terminada la degustación es aconsejable guardar el queso cubriendo el corte con un film transparente doble para protegerlo, eliminando la parte exterior oxidada por la luz y de aspecto seco cuando se vuelva a consumir.


La presentación-tabla de quesos
1.Cuanto más llamativa y original sea la forma de presentar un queso, mayor éxito tendrá entre los comensales. Así, una tabla de madera, un trozo de pizarra e incluso de corcho pueden servir de bandeja, siendo alternativas frecuentemente empleadas en el mundo de la restauración.
2.Si se sirven varios tipos de quesos, es importante guardar el orden en la degustación, pasando de los suaves a los de sabor más fuerte. Igualmente, existe un orden para comerlos según su elaboración: se empieza siempre por los quesos de vaca, después los de mezcla suaves y los de cabra, a continuación los de oveja y por último los azules y ahumados, y, dentro de cada uno de ellos, las texturas blandas tendrán preferencia.
3.Lo normal es que no se superen las 10 variedades y que, entre ellas, se encuentren quesos de todos los tipos de leche y texturas. Si se emplea una tabla para servirlos, la degustación sigue el sentido de las agujas del reloj, de modo que siempre se tenga por referencia las 12:00 como punto de partida, siendo el queso que ocupa ese lugar el primero que se ha probado.

¿Con qué acompañar un queso?
Llegados a este punto, los gustos personales juegan un papel muy importante, aunque algunos alimentos son por excelencia complementos perfectos para todo tipo de quesos, como el pan, sobre todo el elaborado artesanalmente y cocinado en horno de leña.
El pan debe adecuarse en lo posible a las características de cada variedad para conseguir una mayor armonía en los sabores y texturas. Así, cuanto más delicado sea el queso, el pan deberá ser más blanco y menos salado.

Las frutas desecadas, como las pasas, orejones y dátiles, combinan con casi todo tipo de quesos, pero sobre todo, y por su sabor dulce, con los curados.

Entre las frutas frescas, las manzanas y las uvas complementan cualquier variedad. Los higos se asocian a la perfección con quesos azules y de cabra, y las frutas silvestres lo hacen con los frescos y de pasta blanda no demasiado madurados.

Otros acompañantes son el aceite de oliva virgen, complemento ideal para los quesos frescos, pimentón para los cremosos y gratinados, y anchoas con los curados.


El maridaje
Sin lugar a dudas, el vino es un elemento con gran peso en la cultura y en la dieta mediterránea, y es, por tanto, compañero inseparable del queso. Lo cierto es que no existe una norma estricta sobre la armonía entre vinos y quesos, ya que la elección de un vino u otro es, en mayor o menor medida, cuestión de gustos.
Las posibilidades de combinación son infinitas. A las innumerables variedades de queso hay que sumar otras tantas de vino, por lo que, lo realmente interesante, es experimentar y buscar nuevas combinaciones.

Por lo general, si ambos productos provienen de la misma región suelen compenetrarse bien, pero lo importante es encontrar el equilibrio entre ambos elementos. Estas son algunas de las combinaciones más recomendadas:

Los vinos blancos secos y los rosados casan con quesos tiernos de vaca y cabra de textura blanda y semiblanda (Tetilla, Cantabria, Garmillas...)

Los vinos blancos jóvenes afrutados son ideales para los quesos de vaca y cabra, de pasta blanda y corteza enmohecida o lavada (Camembert, Acehúche...)

Los tintos jóvenes afrutados se complementan con los quesos curados de vaca (Mahón y Taramundi), con los quesos madurados de cabra (Aracena y Alpujarras) y con los semicurados de oveja (Manchego, Idiazábal y Serrat)

Para los tintos de reserva, amontillados y olorosos, los quesos muy curados de cabra y oveja, como el Ibores, Tronchón o el Rondeño, son los más indicados.

En el caso del Fino y Manzanilla, quesos como el Cabrales, muy curados y de intensa fermentación, por su fuerte sabor, son los más recomendados.

Por último, las tortas de cabra y oveja en su punto se complementan con los cavas, consiguiendo una perfecta armonía.


Conservación del queso
La maduración de ciertos tipos de queso, no termina hasta el momento de su consumo, por lo que una misma pieza puede pasar por diferentes estados de madurez. Cuánto más alta sea la temperatura y más húmeda sea la pasta, este proceso tenderá a acentuarse.
Por ello, y para mantener el queso en su estado óptimo durante más tiempo, es necesario observar su evolución, mirando, oliendo y tocándolo. De este modo podremos ir averiguando cuáles son las mejores condiciones para su conservación.

Lo más recomendable es dejar el queso, envuelto en un paño ligeramente humedecido o en su envoltorio original, en la parte menos fría del frigorífico, Aunque lo mejor es consumirlo lo antes posible, sobre todo cuánto mas blando y tierno sea el queso.


Un alimento redondo
El queso se ha considerado siempre como un elemento fundamental en nuestra alimentación. Y es que el queso nos aporta proteínas, vitaminas, minerales y grasas, haciendo de éste un alimento redondo que complementa nuestra dieta de una forma rica y sana.
Los beneficios nutricionales del queso son una parte importante de lo que se ha dado en llamar “cultura del queso”.



Lo que nos aportan 100 g de queso
El queso es el resultado del proceso de coagulación de la leche, por lo que sus cualidades serán básicamente las mismas que las de su materia prima. Sin embargo, el aporte nutricional de 100 g de queso dependerá del tipo de leche que utilice y de su tratamiento en el proceso de elaboración. Así, un queso curado elaborado a partir de leche entera será más graso que un queso fresco preparado con leche parcialmente descremada.
Pero en cualquiera de sus variedades el queso nos aporta fundamentalmente proteínas, calcio, grasas y vitaminas A, D, y E.

Las proteínas son uno de los principales componentes de nuestro cuerpo, forman los tejidos (músculos, tendones, piel y uñas), son la base del ADN y nos proporcionan energía.

En 100 gramos de queso encontramos fundamentalmente una proteína llamada caseína, lo que supone entre el 35% y el 45% del aporte proteínico diario que necesita un adulto.

Las grasas son sanas e imprescindibles para disfrutar de una salud óptima, aunque debemos tomarlas con moderación, ya que un exceso de éstas en nuestra dieta puede provocar sobrepeso y aumentar el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

Una porción de queso (50g) nos aporta aproximadamente entre 12 y 14 g de grasa, 9 g de ácidos grasos saturados y 44 mg de colesterol. El contenido en grasas del queso no significa que haya que renunciar a su consumo, tan sólo hay que comerlo de forma equilibrada y en su justa medida, adaptándolo a la edad y circunstancias personales.

Es importante saber que la alimentación, el pastoreo y el ejercicio pueden variar sensiblemente la tasa de ácidos grasos. Cuando los animales se mueven libremente en su entorno alimentándose con pastos naturales aumenta el contenido en ácidos grasos insaturados (sobre todo ácido oleico) por lo que los quesos son más aromáticos y de mejor sabor. Por el contrario, una alimentación a base de concentrados proteicos se traduce en un mayor contenido de ácidos grasos saturados.

El aporte de Vitaminas A, E y D del queso, todas ellas liposolubles, contribuyen a mantener nuestro organismo en buen estado.


•La Vitamina A es esencial para el cuidado de la vista y el desarrollo de los huesos. La cantidad recomendada de esta vitamina es entre 800 y 1.000 mg diarios, de los que una ración de queso de 50 g nos aporta más de la quinta parte.
•La Vitamina E es un potente antioxidante, esencial en la regeneración de los tejidos lo que a su vez favorece la cicatrización y refuerza el sistema inmunológico.
•La Vitamina D favorece la absorción del calcio y mantiene los huesos fuertes. En 100 g de queso encontramos 1mg de esta vitamina, lo que supone, dependiendo del tipo de queso, alrededor del 5% de la cantidad diaria recomendada.

Fuente de calcio
El calcio de la leche, y por tanto del queso, por su composición, se absorbe mejor que el procedente de otros alimentos. Este mineral es fundamental en la formación y mantenimiento de huesos y dientes, siendo además su principal componente.
Durante la niñez se necesita un mayor aporte de calcio, ya que de él depende el crecimiento y fortalecimiento de la masa ósea. Conforme crecemos la necesidad de calcio debe adaptarse a nuestras necesidades, sobre todo durante el embarazo y la menopausia.

Un aporte adecuado de calcio evitará posibles pérdidas de masa ósea y problemas como la osteoporosis y las fracturas. Para ello, se recomienda tomar una media de 1.200 mg de calcio al día para los niños y 1.500 mg para los adultos, lo que supone de 2 a 4 raciones diarias de productos lácteos. Una porción de 50 g de queso proporciona la misma cantidad de calcio que un vaso de leche o un yogur, pero dado que el queso es más graso, es conveniente combinarlos.

COMO CORTAR UN JAMON SERRANO












Antes de empezar, vamos a conocer un poco más de cerca las principales zonas o partes del jamón: la maza, la contra maza, la punta o cadera y el codillo.
Paso 1
Cortar el jamón. Paso 1.Colocar el jamón en el jamonero con la pezuña hacia arriba asegurándonos de que tenga una buena fijación. Si se va a consumir en un solo día, se eliminará toda la corteza y el tocino exterior pelando el jamón. En caso contrario se limpiará y perfilará a medida que se va cortando.

Paso 2
Cortar el jamón. Paso 2.Con el cuchillo ancho, se retira la corteza y el tocino exterior y se da un corte profundo en la caña. A partir de este corte, con el cuchillo jamonero se empieza a extraer lonchas de la maza, que es la parte mas gruesa de la pieza. Se aconseja combinar en cada ración lonchas de la zona central, con algunas de la punta y del codillo.

Paso 3
Cortar el jamón. Paso 3.Las lonchas han de ser pequeñas y tan finas como sea posible. La dirección del corte ha de ser uniforme, bien hacia la pezuña o hacia abajo. Como medida de seguridad, asegúrese de que la hoja del cuchillo no mira hacia usted.

Paso 4
Cortar el jamón. Paso 4.Al llegar al hueso de la cadera, se hará un corte incisivo usando la puntilla alrededor del hueso para que las siguientes lonchas salgan limpias de esta zona. La carne pegada al hueso, se corta en tiras y trozos irregulares "taquitos".

Paso 5
Cortar el jamón. Paso 5.Una vez agotada la maza se le da la vuelta al jamón y, con la pezuña hacia abajo se realiza la misma operación con la contramaza, hasta llegar al hueso. Esta cara del jamón es la más dura, por lo que entrañará mayor dificultad

Consejos a tener en cuenta.
Los cuchillos
Se necesitarán tres cuchillos. Un cuchillo de lámina ancha y fuerte para la preparación y limpieza del jamón. Otro alargado (tipo jamonero) de hoja estrecha y flexible para la extracción de las lonchas. Un tercero corto y fuerte (tipo puntilla) para cuando se llega al corte de la cadera.

Las lonchas
Han de ser pequeñas y tan finas como sea posible, intentando que lleven grasa intramuscular para hacerlas más jugosas. La dirección del corte ha de ser uniforme, bien hacia la pezuña, o bien hacia abajo. Como medida de precaución, asegúrese de que la hoja del cuchillo no mira hacia usted.

Conservación
Independientemente del tiempo que se tarde en consumir, el jamón ha de tener siempre el borde limpio y perfilado, evitando así sabores rancios o cortezas innecesarias. Si se deja de cortar, hay que proteger la zona con algunos de los trozos más gruesos de tocino y corteza, sacados al principio, de forma que la grasa superficial se mantenga siempre fresca.

Temperatura
El jamón no debe comerse frío (pierde el gusto), ni debe guardarse en frigoríficos. Tampoco es aconsejable partir más jamón del que se vaya a consumir. Si queremos que realmente el jamón nos de toda la plenitud de su sabor, en vez de colocarlo en un plato o bandeja frío, lo podemos templar con un poco de agua caliente. Así el sabor del jamón será pleno